Señora Secretaria de Estado de Investigación: deje de insultarnos a los científicos españoles

Estimada Sra. Carmen Vela,

Esta mañana, usted ha publicado una columna de opinión en la prestigiosa revista Nature donde explica su visión de futuro para la investigación nuestro país.

España está muy lejos de los países líderes en I+D. Gran parte de la culpa, la tenemos los científicos españoles. Pero su artículo en Nature es un insulto a la inteligencia de quienes trabajamos como investigadores en España. Permítame demostrar, con datos, que escribiendo esa columna usted ha hecho un ridículo internacional.

Usted dice: «Nuestro gobierno ha sido forzado a optimizar sus limitados recursos».

Datos. El recorte presupuestario para I+D ha sido del 22.5%, mientras el recorte medio de la Administración central ha sido del 16.9%. Usted ha hecho el ridículo.

Usted dice: «Debemos de dejar de hablar de la importancia de la Ciencia y, en su lugar, comprometernos con la excelencia».

Datos. Inversión en I+D en los países «excelentes»: EEUU, 2.7% de su PIB y Alemania, 2.3%. España gasta un 1.2%. Usted ha hecho el ridículo.

Usted dice: «[España] tiene que reducir el número de científicos».

Datos. Reino Unido: 4260 científicos por millón de habitantes. Alemania: 3530. Francia: 3490. España: 2930. Usted ha hecho el ridículo.

Usted dice: «Animo a los investigadores españoles a demostrar su excelencia compitiendo internacionalmente con los mejores en Europa».

Sra. Secretaria de Estado, su artículo ha demostrado que usted sí que sabe competir con los mejores de Europa: ha hecho un ridículo de nivel internacional.

Dr. Alberto Sicilia
Universidad Complutense de Madrid.

Por qué soy científico

Mañana, 22 de mayo, todos los sectores educativos nos uniremos para denunciar que los recortes presupuestarios supondrán un terrible lastre para el futuro de nuestro país.

Tengo treinta años. He dedicado los doce últimos a la física, siete de ellos en el extranjero. Visto el futuro que nos aguarda, está claro que deberé partir de nuevo para continuar mi carrera profesional. Por eso, creo que es un buen momento para responder a una pregunta esencial: ¿por qué soy científico?

Esta es mi razón para ser cientifico: participar en una de las aventuras más hermosas en las que se ha embarcado nuestra especie.

La ciencia es la celebración de la razón frente a la autoridad. La academia de ciencias más antigua y prestigiosa, la Royal Society, eligió como lema «Nulla in Verbis», que en latín significa «Nada en la Palabra». Esa es la esencia del espíritu científico: no te creas lo que yo te digo. Observa por ti mismo. Algo no es verdad porque lo diga Platón, Jesucristo, el chamán de la tribu o tu padre. Duda de todo lo que te cuenten, enfréntate a la realidad con tus propios ojos y no respetes la autoridad. Por eso los poderosos temieron a los científicos y tantos fueron condenados al silencio, al exilio o a la hoguera.

Hacer ciencia significa también desafiar a los investigadores que nos precedieron. Newton comprendió que la física de Aristóteles no era suficiente. Einstein descubrió que las teorías de Newton eran incompatibles con la electricidad y el magnetismo. Hoy sabemos que la Relatividad tampoco es una teoría completa, pues no alcanza a describir algunos fenómenos cuánticos.

Una de mis anécdotas favoritas en la historia de la física es el desarrollo de la teoría de la superconductividad. En el año 1911, Kamerlingh Onnes observó que la resistencia eléctrica de algunos materiales desaparecía al enfriarlos cerca del cero absoluto. Todos los gigantes del siglo XX propusieron su teoría para explicar el origen microscópico del fenómeno: Einstein, Bohr, Landau, Heisenberg, Feynman… Y todos ellos se equivocaron. En ciencia no es problema reconocer que incluso Einstein cometió errores. La ciencia no necesita de profetas que tuviesen razón en todo lo que dijeron.

La ciencia es la celebración de lo universal frente a la tribu y la patria. En el libro de mecánica cuántica que tengo frente a mí mientras escribo esta entrada puedo encontrar herramientas matématicas desarrolladas por norteamericanos y soviéticos durante la guerra fría, un sistema numeral introducido por indios y árabes, y una estructura lógica inventada por griegos. Ningún país y ninguna época pueden reclamar la ciencia como propia.

La inscripción a la entrada de la Academia de Platón decía: «no entre aquí quien no sepa de geometría». Las verdades de la geometría eran independientes de que un hombre fuese ateniense, espartano o persa. Los virus o la fuerza de la gravedad desconocen fronteras, colores de piel y lenguas. La ciencia no pertenece a Oriente ni a Occidente. La ciencia es humana.

La ciencia es una celebración de la belleza. ¿Quién no siente un escalofrío al comprender que nuestros cuerpos están formados por polvo de las estrellas? ¿Quién no se estremece al pensar que todos los mamíferos sobre el planeta estamos conectados a un antecesor común?

La ciencia es una celebración inevitable. Si no es en España, será en China o en Brasil, pero la ciencia seguirá avanzando. Encontrar sentido a lo que nos rodea es una necesidad humana y no hay grilletes que puedan aprisionar nuestra imaginación.

Una vez le preguntaron al gran alpinista británico George Mallory cuál era la razón para jugarse la vida escalando. Mallory respondió que debíamos subir las montañas, sencillamente, porque estaban ahí. La lucha por descifrar la realidad es también inevitable. Porque, dicho a la manera de Mallory, somos humanos y tenemos un mundo que nos rodea.

Misa de funeral por la muerte de la Ciencia en España

Queridos hermanos,

Estamos aquí reunidos para celebrar con alegría la muerte de la investigación científica en España.

Lectura del Santo Evangelio según San Tiago Ramón y Cajal,

En aquel tiempo, dijo Newton a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria Mariano Rajoy, el Hijo de Jose Mari y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y recortará 700 millones del presupuesto de I+D. Después dirá: venid a mí, benditos de la Conferencia Episcopal. Igual que con los socialistas, vosotros recibiréis 130 millones de asignación tributaria, 500 millones para profesores de religión, 3.200 millones para el concierto educativo, 750 millones en exenciones de impuestos y 200 millones más para el sostenimiento del patrimonio artístico. Porque cuando tuve hambre, vosotros me disteis unos chuchesssh. Y entonces mirará hacia los científicos y dirá: apartaos de mí, malditosssh, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Y los científicos irán al castigo perpetuo, y los justos a la vida eterna.»

Palabra de Mariano. Te adoramos, óyenos.

Hermanos, oremos porque la ciencia y la investigación no vuelvan jamás a contaminar nuestro país,

Dichosos los pobres en formación científica,
porque de ellos será el Congreso de los Diputados.
Dichosos los que no saben ni sumar con decimales,
porque para ellos serán las portadas del Marca.
Dichosos quienes no distinguen astronomía de astrología,
porque de ellos serán la radio y la televisión.

Oh Mariano, sólo tú conoces el mal que se esconde en el corazón de nuestros becarios doctorales. Recibe nuestras súplicas y concede a nuestros investigadores un trabajo precario y una vida miserable.

Por Mariano, que vive y gobierna en el Palacio de la Moncla, Amén.

Podéis ir en paz.

Padre Marsupia (que necesitaba redimirse por la seriedad de ayer).

Carta de un investigador a Chiquito de Guindos, ministro de Economía

Querido Luis,

Entre todas las cartas que he dirigido a los líderes de nuestro país, ésta es la más especial para mí: como el Ministerio de Ciencia ha desaparecido y sus tareas dependen ahora del Ministerio de Economía, resulta que tú eres mi jefe.

Quería alertarte sobre unas declaraciones que los periódicos de ayer te atribuyen: “Guindos aboga por cambiar el modelo económico del ladrillo al conocimiento”.

Luis, estoy seguro de que estas palabras no son tuyas, sino de Chiquito de la Calzada. Un hombre de tu integridad no puede haberse atrevido a semejante descaro una semana después de recortar la inversión en ciencia un 26%.

Hace ya un tiempo que sospecho que Chiquito te suplanta en las intervenciones sobre política científica. Por ejemplo, en la comparecencia parlamentaria del pasado 11 de abril, un sujeto que se identificó como “el ministro de Economía” declaró: “la inversión en investigación en España tiene una deficiencia al depender de subvenciones que deben ser eliminadas para dar paso a la inversión privada.”

Esta falacia es más grande que un elefante de Botsuana. Si las empresas españolas no invierten en I+D es, precisamente, por la debilidad de nuestra ciencia básica.

La investigación pública y la investigación privada se necesitan la una a la otra. Ninguna empresa puede arriesgarse a invertir en una idea «que quizás funcione dentro de 80 años”. La investigación pública puede aceptar esos retos. Y al revés, parte de los rendimientos generados por la innovación privada deben reinvertirse en ciencia básica si queremos construir una economía próspera.

La historia de la ciencia está repleta de teorías abstractas que generaron aplicaciones muy prácticas (el descubrimiento de la mecánica cuántica permitió construir ordenadores) y también de problemas cotidianos que dieron lugar a teorías muy generales (el estudio de la eficiencia de los motores está en el origen del segundo principio de la termodinámica).

El GPS se basa sobre la teoría de la relatividad, pero Einstein no estaba pensando en el TomTom cuando la desarrolló. Los EEUU tienen las empresas tecnológicas más avanzadas, pero también el mayor número de premios Nobel en física teórica.

Las compañías innovadoras florecen donde hay universidades dinámicas que producen ideas.

Las universidades florecen en economías robustas que generan impuestos para financiarlas.

Sostener que «debemos reducir nuestra inversión en ciencia básica para que las empresas españolas mejoren su I+D», es una estupidez mayúscula.

En la misma comparecencia parlamentaria, el tal “ministro de Economía” añadió: “se ha comprobado que un aumento en la inversión en I+D no se traduce necesariamente en mayor competitividad.”

Esta afirmación me dejó perplejo. ¿Dónde se ha comprobado? ¿Qué estudio soporta semejante conclusión?

Las estadísticas de la UE dicen que los países que menos invierten en I+D son, por este orden, Irlanda, Portugal, España, Italia y Grecia. ¿Seguro que no hay cierta conexión entre investigación y competitividad? Más importante aún: ¿acaso no comprendemos que las economías que menos apostaron por la ciencia son aquellas que están generando más sufrimiento humano?

Luis, estoy convencido de que tú no eres el autor de tan descomunales sandeces. Un ministro tan incapaz podría provocar que la ciencia española colapsase más rápido que Lehman Brothers.

Aunque, ahora que lo pienso, ¿quién fue el consejero para Europa de Lehman Brothers desde 2006 hasta su bancarrota?

Un caluroso abrazo Luis, jefe mío.

Firmado:

Dr. Alberto Sicilia, uno de tus serviles fistros diodenales.

P.S.- Si os parece oportuna, os ruego difundáis esta carta.