Carta de un investigador a Angela Merkel, doctora en física y Canciller

Querida Angela,

Disculpa que te escriba en castellano, pero mi nivel de alemán es similar al de un orangután de Borneo en época de apareamiento. Puedes pedir a tus colegas Zapatero o Rajoy que te traduzcan esta carta. Ambos son celebrados políglotas, como supongo descubriste en las reuniones del Consejo Europeo.

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(Fotografía de Patricia Simón al pintor Toño Velasco, quien muestra un retrato de la serie «Ensayo sobre la burla»).

David Saltzberg, el físico detrás de la serie televisiva «The Big Bang Theory»

David Saltzberg es el físico más envidiado de toda la profesión. Profesor de física y astronomía en la Universidad de California, David se licenció en la Universidad de Princeton, realizó su doctorado en Chicago y continuó como postdoc en el colisionador de hadrones del CERN.

Si queréis haceros una idea de los experimentos que realiza, os recomiendo un artículo que lleva el tan campechano título: «Observación del efecto Askaryan. Emisión Cherenkov de microondas coherentes desde cargas asimétricas en cascadas de partículas de altas energías». (Podéis descargarlo aquí).

La carrera investigadora de David es impresionante, pero lo que despierta nuestra envidia es su otro oficio: asesor científico de la comedia televisiva «The Big Bang Theory».

Un mes antes de que se grabe cada episodio, David recibe un guión repleto de huecos para que él los rellene con comentarios científicos. Por ejemplo, una frase de Sheldom a Leonard aparece en el borrador como: «Tengo entendido que tu último experimento sobre [aquí David escribe algo] ha sido un fracaso total». David la transforma a: «Tengo entendido que tu último experimento sobre el decaimento de antiprotones ha sido un fracaso total».

También asiste a los rodajes para comprobar que todas las ecuaciones que aparecen en las pizarras son correctas y asesora a los actores cuando tienen alguna duda sobre las teorías científicas que discuten.

David cuenta que su trabajo es mucho más sencillo desde que apareció, en la tercera temporada, el personaje de Amy Farrah Fowler. Intepretado por la actriz Mayim Bialik (más conocida como Blossom), Bialik es también doctora en neurociencias por la Universidad de California y ayuda a David en todos los aspectos relacionados con la biología.

Cuando preparaban la primera temporada de la serie, los productores pidieron a David que les presentase a sus estudiantes de doctorado. Querían conocer la vida cotidiana de jóvenes investigadores en física: cómo vestían, cómo estaban decorados sus pisos, cómo era su vida social, etc. Los guionistas prepararon un episodio piloto que reflejaba fielmente a los chicos. Pero a los dueños de la cadena les pareció tan, pero tan deprimente, que obligaron a hacer cambios. Los aspectos científicos se mantendrían, pero el estilo de vida tendría que ser mucho más fashion.

Aunque viole mis principios corporativistas, yo doy toda la razón a los dueños de la cadena.

Permitidme acabar con una aclaración para el público femenino de este blog y que evitará malentendidos si alguna vez nos encontramos en una discoteca. Todos los físicos llevamos dentro un Sheldom Cooper. Son los daños cerebrales provocados por un vida profesional perfectamente reflejada en este video:

http://www.youtube.com/watch?v=YZ8Php8WYQk

Por qué soy científico

Mañana, 22 de mayo, todos los sectores educativos nos uniremos para denunciar que los recortes presupuestarios supondrán un terrible lastre para el futuro de nuestro país.

Tengo treinta años. He dedicado los doce últimos a la física, siete de ellos en el extranjero. Visto el futuro que nos aguarda, está claro que deberé partir de nuevo para continuar mi carrera profesional. Por eso, creo que es un buen momento para responder a una pregunta esencial: ¿por qué soy científico?

Esta es mi razón para ser cientifico: participar en una de las aventuras más hermosas en las que se ha embarcado nuestra especie.

La ciencia es la celebración de la razón frente a la autoridad. La academia de ciencias más antigua y prestigiosa, la Royal Society, eligió como lema «Nulla in Verbis», que en latín significa «Nada en la Palabra». Esa es la esencia del espíritu científico: no te creas lo que yo te digo. Observa por ti mismo. Algo no es verdad porque lo diga Platón, Jesucristo, el chamán de la tribu o tu padre. Duda de todo lo que te cuenten, enfréntate a la realidad con tus propios ojos y no respetes la autoridad. Por eso los poderosos temieron a los científicos y tantos fueron condenados al silencio, al exilio o a la hoguera.

Hacer ciencia significa también desafiar a los investigadores que nos precedieron. Newton comprendió que la física de Aristóteles no era suficiente. Einstein descubrió que las teorías de Newton eran incompatibles con la electricidad y el magnetismo. Hoy sabemos que la Relatividad tampoco es una teoría completa, pues no alcanza a describir algunos fenómenos cuánticos.

Una de mis anécdotas favoritas en la historia de la física es el desarrollo de la teoría de la superconductividad. En el año 1911, Kamerlingh Onnes observó que la resistencia eléctrica de algunos materiales desaparecía al enfriarlos cerca del cero absoluto. Todos los gigantes del siglo XX propusieron su teoría para explicar el origen microscópico del fenómeno: Einstein, Bohr, Landau, Heisenberg, Feynman… Y todos ellos se equivocaron. En ciencia no es problema reconocer que incluso Einstein cometió errores. La ciencia no necesita de profetas que tuviesen razón en todo lo que dijeron.

La ciencia es la celebración de lo universal frente a la tribu y la patria. En el libro de mecánica cuántica que tengo frente a mí mientras escribo esta entrada puedo encontrar herramientas matématicas desarrolladas por norteamericanos y soviéticos durante la guerra fría, un sistema numeral introducido por indios y árabes, y una estructura lógica inventada por griegos. Ningún país y ninguna época pueden reclamar la ciencia como propia.

La inscripción a la entrada de la Academia de Platón decía: «no entre aquí quien no sepa de geometría». Las verdades de la geometría eran independientes de que un hombre fuese ateniense, espartano o persa. Los virus o la fuerza de la gravedad desconocen fronteras, colores de piel y lenguas. La ciencia no pertenece a Oriente ni a Occidente. La ciencia es humana.

La ciencia es una celebración de la belleza. ¿Quién no siente un escalofrío al comprender que nuestros cuerpos están formados por polvo de las estrellas? ¿Quién no se estremece al pensar que todos los mamíferos sobre el planeta estamos conectados a un antecesor común?

La ciencia es una celebración inevitable. Si no es en España, será en China o en Brasil, pero la ciencia seguirá avanzando. Encontrar sentido a lo que nos rodea es una necesidad humana y no hay grilletes que puedan aprisionar nuestra imaginación.

Una vez le preguntaron al gran alpinista británico George Mallory cuál era la razón para jugarse la vida escalando. Mallory respondió que debíamos subir las montañas, sencillamente, porque estaban ahí. La lucha por descifrar la realidad es también inevitable. Porque, dicho a la manera de Mallory, somos humanos y tenemos un mundo que nos rodea.